La meditación tiene una trampa peculiar: cuanto más la practicas, más probable es que empieces a evaluarla. ¿Fue una buena sesión o una mala sesión? ¿Estuve más concentrado que ayer? ¿Por qué me cuesta tanto cuando antes me resultaba más fácil? Esta evaluación constante convierte algo que se supone que es práctica de presencia en una nueva forma de rendimiento.
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